La ciencia que se encuentra al contemplar la creación
Por Adm1n
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La fe y la ciencia permiten fortalecer las creencias y reflejan la grandeza del Creador.
Por Maura Brandão | Países Hispanos
5 agosto, 2026
Durante un mes, en el estado de Wyoming, Estados Unidos, mi rutina comenzaba antes de que el sol estuviera alto. El extenso paisaje, caracterizado por la vegetación baja y los cactus, el clima seco y los vientos intensos y helados, creaba un escenario que, en algunos aspectos, parecía recordar al cerrado brasileño. A poco más de un kilómetro de nuestra base, las capas de roca conservaban vestigios de un pasado distante, con fauna y flora que ya no existen.
Con pinceles, martillos, destornilladores y palas, además, por supuesto, de mucha paciencia, un equipo de investigadores y voluntarios trabajaba en la excavación de fósiles de dinosaurios.
Aunque implica trabajar con rocas, una excavación está lejos de caracterizarse únicamente por la fuerza. Es necesario romper y retirar las rocas con cuidado, remover los sedimentos y enfrentar, muchas veces, calor intenso, frío, fuertes vientos y mucho polvo. También es fundamental ser muy resiliente.
Un fósil que, a primera vista, parece fácil de extraer puede revelar una estructura compleja, delicada y todavía parcialmente escondida. Algunas de las vértebras más hermosas que tuve la oportunidad de excavar exigieron un día, o incluso un día y medio, de trabajo. Un movimiento apresurado puede dañar una estructura preservada durante mucho tiempo. Ignorar un detalle puede comprometer una interpretación.
Por eso, antes de retirar un fósil del suelo, es necesario observar, registrar y planificar la extracción, para que no se pierda ningún detalle. Había momentos de entusiasmo, pero también de espera. La investigación científica rara vez avanza al ritmo de la prisa. Depende de disciplina, colaboración, atención a los detalles y disposición para aprender.
Fósil de una vértebra dorsal antes de ser extraído. Probablemente perteneció a un Edmontosaurus. (Foto: Archivo personal)Vértebra dorsal después de ser extraída de la roca. (Foto: Archivo personal)
Cuando la ciencia fortalece la fe
Al compartir esta experiencia en mis redes sociales, muchas personas se mostraron escépticas: "¿Cómo puede una cristiana creacionista participar en una actividad paleontológica?". Otras expresaron sorpresa: "¡Qué interesante encontrar a una científica que también es cristiana!".
Estas reacciones reflejan una idea bastante común en la actualidad: que la fe y la ciencia son irreconciliables y que, para ser científico, es necesario renunciar a la fe, o viceversa. Sin embargo, para una persona cristiana, especialmente en el contexto adventista, hablar de ciencia no significa alejarse de la fe. Por el contrario, la cosmovisión cristiana nos lleva a contemplar la naturaleza con otros ojos, con más atención, reverencia y responsabilidad.
Tanto los seres vivos como aquellos que ya no existen, como los preservados en fósiles, revelan complejidad, belleza y orden. Despiertan preguntas importantes que impulsan al científico a realizar un estudio serio, cuidadoso y honesto.
Un propósito mayor
En este sentido, el trabajo del investigador cristiano no debe caracterizarse por el temor a las preguntas, sino por el valor de investigarlas con fidelidad, respeto y responsabilidad. La fe y la ciencia no necesitan ser tratadas como enemigas. La fe ofrece sentido, propósito y una visión del mundo fundamentada en Dios como Creador. La ciencia, a su vez, ofrece herramientas para comprender la realidad de una manera más organizada, reuniendo datos, probando hipótesis e investigando los fenómenos naturales a partir de las regularidades presentes en la naturaleza.
Integrar la fe y la ciencia no significa simplificar temas difíciles, pero tampoco significa utilizar la ciencia solamente cuando confirma nuestras expectativas. Significa buscar la verdad con reverencia, reconociendo que Dios no se siente amenazado por las preguntas honestas. Por el contrario, la fe cristiana nos llama a amar a Dios también con la mente, cultivando un pensamiento cuidadoso, un estudio dedicado y un compromiso con la verdad.
Testimonio en Wyoming
El lugar donde participé en la excavación, en Wyoming, Estados Unidos, posee una historia significativa para este diálogo entre la fe y la ciencia. Hace aproximadamente treinta años, los propietarios del Hanson Ranch invitaron a un paleontólogo para que estudiara los fósiles que aparecían en abundancia en su propiedad. Sin embargo, al enterarse que el paleontólogo tenía un enfoque evolucionista, decidieron mantenerse firmes en sus principios. Deseaban que investigadores cristianos, comprometidos tanto con la investigación científica como con una visión creacionista de la historia de la vida, estudiaran aquellos fósiles.
Según los relatos, el investigador evolucionista, frustrado por la negativa, dejó una nota que decía: "Hoy fue el último día en que se hizo ciencia en el Hanson Ranch". Algún tiempo después, los propietarios se comunicaron con el doctor Arthur Chadwick, de la Southwestern Adventist University, quien decidió comenzar a trabajar en el lugar.
El doctor Chadwick relata que se sintió profundamente desafiado, pues no bastaba con hacer buena ciencia allí; también sería necesario desarrollar metodologías innovadoras, capaces de destacarse frente a otros proyectos y excavaciones realizados por otros paleontólogos. El grupo de investigadores presentó este desafío a Dios en oración.
El resultado de este trabajo, desarrollado a lo largo de tres décadas, es significativo: se excavaron casi cincuenta mil fósiles. Los investigadores catalogan y estudian estos fósiles, que ya dieron origen a estudios publicados en revistas científicas. Además, los estudiantes de maestría y doctorado realizaron y continúan realizando investigaciones en el lugar. El proyecto está dirigido por investigadores adventistas y cuenta con el apoyo de instituciones adventistas, lo que demuestra que el compromiso con la fe y la seriedad científica no necesitan avanzar en direcciones opuestas.1
Habilidades para la investigación
En la paleontología, al igual que en otras áreas de la ciencia, el diálogo entre la fe y la ciencia es fundamental. Los fósiles despiertan curiosidad, admiración y, muchas veces, debates sobre la historia de la Tierra, la vida en el pasado, los procesos geológicos y las grandes preguntas relacionadas con el origen, el tiempo, la muerte y las catástrofes. Para el investigador cristiano, estos temas exigen seriedad, humildad y disposición para estudiar.
Eso fue lo que aprendí muchas veces en aquel campo de excavación de Wyoming, pues cada fragmento exigía cuidado. Había desde caparazones de tortuga y pequeños dientes de triceratops hasta huesos como un fémur que puede medir más de un metro y medio de longitud. Cada hueso retirado de la roca pasaba por un proceso paciente de protección, identificación y transporte. Por eso, había entusiasmo al encontrar algo nuevo y relevante, pero también largos momentos de espera ante estructuras frágiles, quebradizas e incrustadas en la roca dura.
Científicos en diferentes áreas
Esta actitud nos ayuda a reflexionar sobre nuestra vida espiritual. La prisa puede producir respuestas e interpretaciones superficiales. Sin embargo, cuando realizamos un estudio cuidadoso, con la orientación divina, nuestra fe madura y se vuelve capaz de dialogar con las cuestiones contemporáneas sin que negociemos nuestros principios ni perdamos nuestra convicción.
Aun así, queda mucho trabajo por hacer. Necesitamos personas e investigadores que comprendan la importancia de la Biblia y que también sepan dialogar con la ciencia y con la sociedad. Necesitamos cristianos en laboratorios, escuelas, universidades, hospitales, museos, observatorios, centros de investigación y campos de excavación. La ciencia necesita profesionales competentes y éticos. La iglesia necesita personas capaces de unir conocimiento, fe, humildad y misión.
Investigar es servir. Es dedicar tiempo a comprender mejor el mundo que Dios creó y utilizar ese conocimiento para beneficiar a otras personas. También es reconocer que la creación no debe ser explotada con indiferencia, sino estudiada con responsabilidad. Es admitir que todavía queda mucho por aprender.
Al final de una jornada de excavación, cuando el sol comenzaba a descender sobre los paisajes de Wyoming, frecuentemente pensaba en el privilegio de participar en aquel trabajo y saber que yo sería la persona que, después de tanto tiempo, vería aquellos huesos preservados. Huesos que conservan historias y marcas de una gran catástrofe. Para mí, esos momentos no disminuyeron mi fe. En realidad, la hicieron más profunda.
Después de todo, cuando la ciencia se practica con humildad y la fe se vive con inteligencia, ambas pueden conducirnos a una actitud semejante: reverencia ante la grandeza de la creación y responsabilidad ante el Creador.