¿Pueden la fe y la ciencia andar juntas? Galileo fue un ejemplo de esta realidad que impulsaba sus búsquedas científicas.
Por Maura Brandão | Países Hispanos
21 abril, 2026
Frecuentemente, escuchamos afirmaciones de que la fe y la ciencia son irreconciliables o, como propuso el paleontólogo estadounidense Stephen Jay Gould, que pertenecen a “magisterios no superpuestos”. En otras palabras, serían esferas distintas: la fe y la ciencia tienen sus respectivos valores, pero no se mezclan.
También algunos defienden que la ciencia solo prosperó verdaderamente cuando se desligó del control institucional de la Iglesia. Con la llegada del Iluminismo, los científicos adoptaron el materialismo, relegando lo divino a un plano secundario.
(Imagen: Biblioteca Nacional Central de Florencia)
Sin embargo, algunos de los científicos más relevantes de la historia discreparían de esta visión simplista. Al estudiar la biografía de Isaac Newton, por ejemplo, percibimos que su profunda creencia en Dios no le impidió revolucionar las matemáticas; por el contrario, su fe fue el motor que lo llevó a superar los métodos limitados de su época. Hoy, su contribución es ampliamente reconocida por toda la comunidad científica, incluso por quienes rechazan la idea de un Creador.
No obstante, el enfoque de este texto no es Newton, sino un gran científico que lo precedió: Galileo Galilei. Un descubrimiento divulgado a comienzos de este año aporta una evidencia interesante a esta discusión.
Nuevos descubrimientos
El historiador Ivan Malara se encontraba en la Biblioteca Nacional Central de Florencia, analizando una copia del Almagesto, obra de Ptolomeo que orientó el paradigma científico durante más de mil años al defender la visión geocéntrica de que la Tierra sería el centro del Universo.[1]
Mientras Malara hojeaba las páginas del antiguo libro, percibió una serie de anotaciones en una de las páginas, que contenían el Salmo 145 transcrito. Estas anotaciones llamaron mucho su atención, porque se asemejaban bastante a la caligrafía de Galileo. Inmediatamente, el investigador se puso en contacto con especialistas que afirmaron que era seguro decir que, de hecho, se trataba de la letra de Galileo.
Además, se analizaron otras evidencias: por ejemplo, varias de las ideas presentes allí aparecen en anotaciones reconocidas de Galileo. Otra evidencia considerada fue la propia presencia del Salmo 145. En otra impresión del Almagesto, del siglo XVI, se encontró una inscripción que decía: “Galileo, antes de estudiar a Ptolomeo, ofrecía una oración a Dios”. En 1673, las anotaciones del matemático Alessandro Marchetti afirmaban que Galileo siempre oraba cuando se sentaba a estudiar el Almagesto.
¿Crítico?
Observe qué interesante. Muchas personas pueden asociar la imagen de Galileo a una figura revolucionaria, cuestionadora, especialmente cuando pensamos en los enfrentamientos que tuvo con la Iglesia en su época. Fue interrogado por la Inquisición y puesto en arresto domiciliario porque sus argumentos amenazaban el poder y la soberanía de la Iglesia Católica de entonces.[2]De hecho, Galileo no era una persona fácil: era obstinado, tenía un carácter fuerte y era muy irónico. Esto provocaba la ira de los clérigos de la época, quienes presentaban quejas formales ante la Inquisición.[3]
Pero su cuestionamiento nunca fue contra Dios ni contra su poder creador, sino contra la autoridad eclesiástica y el paradigma geocéntrico. Galileo utilizó las mismas evidencias del geocentrismo para defender el heliocentrismo propuesto inicialmente por Copérnico. Sin embargo, a diferencia de Copérnico, Galileo cuestionó el paradigma vigente.
Las anotaciones de Galileo refuerzan la importancia de la autoridad bíblica. Humildemente, antes de profundizar en los estudios del mundo natural, Galileo reconocía y alababa al Dios Creador: “Grande es el Señor y digno de toda alabanza; su grandeza es insondable” (Salmos 145:3).
El caso de Galileo ilustra que la ciencia y la fe no necesitan ser adversarias y pueden trabajar juntas para revelar la belleza del universo y la grandeza de la creación. Al contrario de lo que muchos afirman, Galileo no separó su creencia en Dios de su práctica científica; muy por el contrario, su fe en Dios lo impactaba de tal manera que lo impulsaba a estudiar y comprender el mundo natural, para conocer mejor al Creador de la naturaleza.