Datación del libro de Daniel: el radiocarbono y la IA reavivan el debate
Por Adm1n
Imagen Referencial
Doctor en arqueología defiende un modelo que integra paleografía, radiocarbono y caligrafía mediante el uso de IA para reexaminar cuándo fue escrito el libro.
La datación del libro del profeta Daniel, presente en el Antiguo Testamento de la Santa Biblia, todavía es motivo de controversia en los círculos históricos. El problema se relaciona principalmente con el período en el que fue escrito. Básicamente, existen dos corrientes diferentes. La primera sitúa el origen del libro en el siglo VI antes de Cristo (a. C.), cuando el profeta Daniel habría vivido en la corte babilónica durante el exilio sufrido por los judíos.
La segunda línea de pensamiento sostiene que el libro de Daniel fue escrito, como máximo, en el siglo II antes de Cristo, bajo la influencia del período de la denominada revuelta de los Macabeos, durante la fase de predominio griego o helenístico en la región de Palestina.
También puedes recibir este y otros contenidos directamente en tu dispositivo. Inscríbete en nuestro canal en Telegram o WhatsApp. ¿Quieres conocer más sobre la Biblia o estudiarla con alguien? Haz clic aquí y comienza ahora mismo
Lea también:
- Análisis con IA confirma la autenticidad de manuscritos bíblicos
- La historia del cristianismo en Oriente
Puntos clave del estudio
¿Qué novedad aporta el artículo de Rodrigo Silva sobre la datación de Daniel? El punto de partida es el estudio de Mladen Popović y sus colaboradores, de la Universidad de Groningen, en los Países Bajos, publicado en la revista científica PLOS One en 2025, que combinó la datación por radiocarbono con un sistema de inteligencia artificial denominado Enoch. Este sistema fue entrenado para reconocer patrones microscópicos en la caligrafía de los manuscritos antiguos. Mi artículo examina críticamente lo que este avance significa específicamente para el libro de Daniel. El hallazgo central es el manuscrito 4Q114, uno de los fragmentos de Qumrán pertenecientes a los llamados Manuscritos del Mar Muerto, que conserva pasajes de los capítulos 8 al 11 de Daniel. La datación por radiocarbono de este fragmento produjo un intervalo calibrado de entre el 230 y el 160 a. C., lo que podría hacerlo hasta 70 años más antiguo que la estimación convencional, limitada a la década del 160 a. C.; precisamente el período de la persecución del rey sirio Antíoco IV Epífanes. La principal novedad de mi artículo, con respecto al estudio original, consiste en relacionar este hallazgo con otras dos líneas de evidencia. La primera es la fragilidad metodológica de la paleografía, un método comparativo y subjetivo que no constituye una medición física independiente. La segunda son los estudios lingüísticos sobre el arameo de Daniel. Estas investigaciones muestran que muchas de las supuestas anomalías utilizadas para justificar una datación tardía son, en realidad, usos comunes en dialectos arameos de los siglos IV y III a. C. En conjunto, la evidencia física, computacional y lingüística apunta a una composición mucho más antigua de lo que el consenso crítico suele admitir.Análisis detallado
¿Por qué es importante esta integración entre el radiocarbono y la inteligencia artificial? Porque, de manera aislada, cada método tiene un punto ciego. La paleografía, la comparación visual del estilo de las letras, fue durante décadas la herramienta casi exclusiva para datar los manuscritos de Qumrán, a partir de la tipología establecida por el investigador Frank Moore Cross en 1961. Por su naturaleza, se trata de un método comparativo. Como resumió Michael Wise, paleógrafo formado en la Universidad de Harvard, la datación paleográfica es imprecisa porque es intrínsecamente subjetiva. El radiocarbono ofrece algo que la paleografía no puede brindar: una medición fisicoquímica independiente, que no depende de presuposiciones sobre cómo debería haber evolucionado la caligrafía. La inteligencia artificial interviene como una tercera capa de verificación. Los investigadores entrenaron el modelo Enoch con 24 imágenes de manuscritos previamente datados mediante radiocarbono. Luego, especialistas evaluaron el sistema en una prueba a ciegas, en la que acertó cerca del 79 % de las atribuciones esperadas. Esto significa que Enoch no es una caja negra arbitraria, ya que, en la mayoría de los casos, coincide con el juicio humano especializado. En el caso de este estudio, ¿puede existir una divergencia entre los métodos? Sí. En los casos en los que existe divergencia, el método del radiocarbono señala exactamente dónde pueden necesitar una revisión los modelos tradicionales. Por ejemplo, los datos sugieren que los estilos caligráficos asmoneo y herodiano circularon de forma simultánea mucho antes de lo que proponía la paleografía. El estilo asmoneo recibe su nombre de la dinastía asmonea, que gobernó Judea entre el 140 y el 37 a. C. Estos hallazgos contradicen la idea de una evolución estrictamente lineal de la escritura. Cuando la física, la estadística computacional y la lingüística histórica apuntan en la misma dirección, aumenta la confianza en las conclusiones. Esto ocurre porque los investigadores ya no dependen de un único criterio, históricamente vulnerable al sesgo de confirmación.Datación antigua
¿Por qué esto es relevante para quienes estudian la Biblia? Aquí es necesario aclarar algo importante: mi artículo no demuestra que Daniel escribiera este libro en el siglo VI a. C. Lo que propone, basándose en la convergencia de los datos, es que los críticos también podrían considerar un período persa-helenístico temprano (aproximadamente entre el 400 y el 250 a. C.) para datar los orígenes del libro de Daniel. Sé que esta propuesta es diferente tanto de la datación exílica tradicional como de la composición estrictamente macabea (entre el 167 y el 164 a. C.) defendida por la corriente más influyente de la crítica histórica. Su relevancia no consiste en confirmar la autoría tradicional exacta ni en negarla. Se trata únicamente de mantener la honestidad académica sobre lo que las evidencias extrabíblicas descubiertas hasta ahora permiten inferir. También implica reconocer que es posible cuestionar intelectualmente la hipótesis central de la datación tardía. Según esa hipótesis, los capítulos 8 y 11 de Daniel serían un vaticinium ex eventu; es decir, profecías escritas después de los acontecimientos, presentadas como predicciones y redactadas durante la revuelta macabea para animar a un pueblo perseguido. Si el origen del texto se remonta al período persa o al comienzo del período helenístico, como ahora sugieren el radiocarbono, la estilometría mediante inteligencia artificial y la lingüística del arameo, gran parte del contenido sobre el ascenso de Grecia y la fragmentación del Imperio de Alejandro anticiparía esos acontecimientos. En ese caso, no se trataría de una reconstrucción histórica disfrazada de profecía. Esto no resuelve por completo el debate, pero sí desplaza la carga de la prueba. La aparente certeza de una datación tardía deja de ser tan evidente como suele presentar el consenso académico.Fe y rigor científico
¿Cuál es el mensaje final para quienes se interesan por la Biblia y la historia? La fe y el rigor histórico no son adversarios, sino aliados cuando se practican con honestidad. Mi invitación es que el estudiante de la Biblia no tema al método científico ni se aferre automáticamente al primer consenso que encuentre, ya sea crítico o devocional. Las fechas, como las que analizo en el artículo, no son dogmas. Son hipótesis respaldadas por evidencias que los investigadores pueden y deben reexaminar a la luz de nuevos datos. La verdadera disciplina histórica exige seguir las evidencias con humildad, incluso cuando eso implique cuestionar posturas que parecían definitivamente resueltas en ambos lados del debate.También puedes recibir este y otros contenidos directamente en tu dispositivo. Inscríbete en nuestro canal en Telegram o WhatsApp. ¿Quieres conocer más sobre la Biblia o estudiarla con alguien? Haz clic aquí y comienza ahora mismo