El vínculo y la amistad son la base del trabajo misionero del Club de Conquistadores
Los lazos de afecto, la constancia y el testimonio personal han sido el puente más eficaz entre la iglesia y quienes están fuera de ella, y también lo que mantiene firmes a quienes ya están dentro.
No fue una invitación formal ni un folleto en la puerta de su casa. Fue un proyecto de clases gratuitas de jiu-jitsu que dio lugar a una amistad entre motociclistas y que, poco a poco, llevó a un joven de unos 20 años a asistir a la iglesia, recibir estudios bíblicos y expresar el deseo de integrar algún día el Club de Conquistadores.
En Lavras, en el interior de Minas Gerais, en Brasil, el deporte es lo que atrae a niños, adolescentes y adultos a convivir con los adventistas del séptimo día. Hace poco más de dos años, Rogério Condé de Oliveira, director del Club de Conquistadores Ityrapuan, propuso esta idea porque él mismo quería volver a practicar esta actividad física. Encontró un profesor entre los miembros de la directiva y, cuando se dieron cuenta, vieron la oportunidad de hablar de Jesús sin palabras.
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Las clases comenzaron en el garaje de la casa de Oliveira. Pero fue llegando más gente y comenzaron a organizar grupos por edades y horarios. Buscaron un lugar más grande para que pudieran participar los integrantes del Club de Conquistadores con sede en la Facultad Adventista de Minas Gerais (Fadminas).
Después, abrieron las clases a la comunidad y otras personas comenzaron a asistir y, en consecuencia, a convivir con los conquistadores. "La metodología se basa en el principio de predicar mediante el testimonio, si es posible usando palabras", resume Oliveira. La frase, casi un juego de palabras, también revela su método: lo que atrae no es el argumento, sino el vínculo. "El interés surge del cariño, la amistad y la atención dedicada a los niños y a las familias", añade.
El señuelo que no es una trampa
Para el pastor Jeferson Silva, director de Conquistadores y Aventureros para ocho países de Sudamérica, esa capacidad de alcanzar a quienes están fuera de las cuatro paredes de la iglesia es lo que hace singular al Club. "Veo al Club como una agencia que gana personas para Jesús, porque, con sus estrategias y métodos de trabajo, ofrece posibilidades que la iglesia por sí sola probablemente no podría alcanzar", afirma.
La fuerza está en los símbolos: el uniforme, el pañuelo, la bandera, las caminatas y los campamentos despiertan curiosidad. Y la curiosidad abre espacio para la amistad. "El niño se siente atraído, llega al Club, aprende acerca de Jesús, tiene acceso a la Biblia, a principios y valores. De manera muy natural, comparte todo eso en casa con una familia que no pertenece a la iglesia", resume el pastor. Con el tiempo, alcanzar a un niño se convierte en alcanzar a una familia entera.
Quienes ya están dentro también necesitan ser alcanzados
Pero el vínculo no actúa solo hacia afuera. Datos recientes del Sistema de Gestión de Clubes muestran que el 75% de los integrantes de los clubes de conquistadores y aventureros en Sudamérica ya son miembros de la Iglesia Adventista. Y es precisamente en este grupo donde se cumple una de las funciones más silenciosas del Club: la permanencia.
Las estadísticas internas indican que los adolescentes y jóvenes que participan en el Club presentan índices de apostasía considerablemente menores que los de quienes tienen la misma edad y están en la iglesia, pero fuera del club. "Esto ocurre porque el Club promueve el sentido de pertenencia, fortalece la identidad y desarrolla la amistad, algo esencial en esta etapa de la vida", explica Silva. En la adolescencia, una etapa en la que es habitual alejarse, es el vínculo, no el sermón, lo que mantiene al joven en su lugar.
Rogério también es fruto de ese trabajo. Conquistador desde los 13 años, pasó por la etapa "rebelde" de la adolescencia. Y fue el vínculo formado en este ministerio lo que lo llevó a permanecer en el camino cristiano. Desde entonces, lidera clubes y busca hacer por otros jóvenes lo que hicieron por él.
Formación de líderes y misioneros
La idea de transformar el deporte en un ministerio dio origen a un proyecto que hoy atiende entre 30 y 40 niños y a unos 30 adultos en Lavras, además de otros 50 niños y hasta 40 adultos en la ciudad vecina de Itumirim, en el sureste de Brasil.


De hecho, la expansión del proyecto ocurrió precisamente porque Ityrapuan tiene una característica muy específica. Al estar en un internado adventista, casi la totalidad de sus aproximadamente 100 integrantes ya están bautizados. Por eso, Rogério destaca que su principal objetivo es formar líderes y misioneros.
En Itumirim, quien coordina el nuevo Club de Conquistadores es precisamente una persona que formaba parte de los líderes del club de Lavras. Y esto se repite en otras regiones. Las personas que pasaron por el club de Fadminas hoy lideran y expanden este ministerio en todo Brasil. "Funcionamos como un centro de formación de líderes: tenemos personas de varias partes de Brasil que pasan por aquí y luego extienden ese liderazgo por el país", explica Oliveira.
Cuando la comunidad llama a la puerta del club
La relevancia social de este trabajo no pasa desapercibida fuera de la iglesia. Las municipalidades invitan regularmente a los conquistadores a apoyar las campañas de salud, de lucha contra las drogas, de concientización sobre el tabaquismo y de prevención del dengue y la violencia. En contextos misioneros más resistentes a la predicación directa, el club suele ser la primera puerta que se abre. "Al iniciar un club, se presta un servicio relevante, se gana la confianza de los padres y, a partir de esa relación, se abren las puertas al evangelio", dice Jeferson Silva.
Fue en un desfile cívico donde una familia conoció el Club de Conquistadores y se interesó en él. Consiguieron el contacto del director por medio de un amigo en común y comenzaron a llevar a su hijo, que es neurodivergente, a las reuniones.
"Por como fuimos recibidos y por el cuidado que los directivos y los propios conquistadores le brindaron, la madre se acercó a mí y me dijo que admiraba lo que hacíamos por su hijo, y pidió visitar nuestra iglesia, sin que hubiéramos hecho previamente una invitación formal", relata Oliveira.
Otra iniciativa que despierta el interés de las personas, o al menos su curiosidad, es el pañuelo/pañoleta amarillo/a. En septiembre se celebra la Semana del Pañuelo/Pañoleta, en la que los conquistadores usan este accesorio en la escuela, la universidad y el trabajo. Y fue así, en una de las clases de jiu-jitsu en Lavras, como un joven de 20 años mostró interés en participar en el club y conocer más acerca de la Iglesia Adventista. Allí también hizo amigos que comparten otra pasión: el motociclismo. Ahora está asistiendo a la iglesia, estudiando la Biblia y preparándose para el bautismo.
Dedicación y aprendizaje
Nada de esto sucede por sí solo. Rogério recuerda que los directivos de un club dedican alrededor del 25 % de los fines de semana del año, además de los fines de semana largos, a campamentos y camporís. También aportan recursos para pagar inscripciones y transporte, incluso de conquistadores que no cuentan con los medios económicos. "He desempeñado casi todas las funciones en la iglesia y afirmo que el liderazgo activo de un club es el ministerio que más tiempo y dedicación exige", resume.
Según él, también es el que más contribuye a la formación. "El club me enseñó a gestionar personas, tener empatía, actuar con cariño y cultivar la puntualidad y la organización. Tratar con seres humanos es el mayor desafío de cualquier gestión, y el ambiente del club fue el responsable directo de moldear mi manera de liderar", afirma Rogério, hoy administrador en la Universidad Federal de Lavras y conquistador desde hace 36 años.
Una generación que nació con la IA en la mano
Si el vínculo sigue siendo el motor, el lenguaje para construirlo necesita cambiar. Esta es, hoy, una de las mayores tareas de los líderes. "Los niños y adolescentes de entre 10 y 15 años de hoy son muy tecnológicos, nacieron en el universo digital y tienen una mayor sensibilidad emocional, lo que exige cuidar su salud mental. Al mismo tiempo, es una generación más impaciente y con menor capacidad de concentración", observa Jeferson Silva.
La última gran actualización de los manuales de clases regulares y avanzadas del Club de Conquistadores se realizó hace casi 20 años. Ya son cuatro generaciones de jóvenes formadas con el mismo material. Por eso, está en marcha una revisión completa, cuyo lanzamiento está previsto para el Camporí Sudamericano "Siempre Conquistador", programado para enero de 2027.
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