¿El amor de Cristo necesita ser traducido?
Un traductor puede ayudar a superar barreras de idioma y cultura para conectar personas y llevar el amor de Cristo a quienes aún no lo conocen.
En una comunidad ribereña de Amazonas, dentro de una casa sencilla, dos mujeres intentaban entenderse. Una era habitante de la comunidad y vivía cerca del río. La otra formaba parte de un grupo de misioneros estadounidenses que había llegado a la región para construir una iglesia y entregar donaciones.
Ninguna hablaba el idioma de la otra. Fue entonces cuando llamaron a Matheus Pessoa, de 23 años, traductor del equipo misionero. La conversación giró en torno a los hijos, la maternidad y los desafíos de criar a un niño en aquella región.
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“Eran dos madres unidas por un mismo, el lenguaje del amor”, recuerda. “Y yo pude ser un instrumento para conectar sus palabras y hacer posible ese encuentro.”
Para Matheus, aquella experiencia reforzó una convicción que ya tenía: su trabajo iba más allá de traducir palabras.
Una pasión con propósito

El interés de Matheus por los idiomas comenzó mucho antes de pensar en utilizarlos en la misión. Desde pequeño quería comunicarse con personas de otros países. En Río de Janeiro, comenzó a acercarse a turistas extranjeros y a conversar con ellos utilizando las pocas palabras de inglés y español que conocía.
Con el tiempo, entendió que aprender un idioma también era una manera de acercarse a otras culturas y formas de vivir. “Cuando hablas el idioma de alguien, te conectas con la cultura de esa persona y la forma en que vive”, explica.
Su relación con la Iglesia Adventista comenzó cuando era niño, después de acercarse al Club de Aventureros de una congregación cercana a su casa. A partir de esa experiencia, sus padres comenzaron a recibir estudios bíblicos y, posteriormente, toda la familia se bautizó.

Fue dentro de la iglesia donde comenzó a relacionar su interés por los idiomas con la misión. Matheus recuerda especialmente los videos de Probad y Ved, que presentaban historias de misioneros en diferentes países.
“Me fascinaban esos videos, especialmente cuando estaban en otro idioma. Como eran doblados al mío, podía entender la historia mientras escuchaba de fondo a las personas hablando en su propia lengua”, recuerda.
Aunque no entendía el idioma original, podía conocer aquellas historias porque alguien había hecho posible la comunicación.
“En ese momento yo no entendía, pero alguien estaba haciendo ese doblaje y, gracias a la traducción, yo podía entender por medio de esa persona,” complementa.
A partir de esas experiencias, Matheus comenzó a comprender que la traducción también podía formar parte de la misión.
Cuando el traductor también está en el campo

En 2024, Matheus recibió la invitación para acompañar como traductor a un grupo de jóvenes estadounidenses que participaría en la construcción de una iglesia en una comunidad ribereña del Amazonas. Durante los días de misión, ayudó en los cultos y facilitó la comunicación entre los participantes estadounidenses y los brasileños.
La traducción también apareció en situaciones cotidianas. Matheus colaboraba en la cocina y en la construcción, pero al mismo tiempo servía de intermediario cuando los participantes necesitaban comunicarse. Incluso tuvo que traducir conversaciones relacionadas con síntomas, medicamentos y otras cuestiones de salud cuando algunos integrantes del grupo se enfermaron.
“Yo estaba en ese intermedio entre servir, trabajar, poner las manos en la masa, ayudar en la cocina, ayudar en la obra, pero también ayudando de esa manera para que ellos pudieran comunicarse y así cumplirse el propósito por el que fuimos”, relata.
En 2025 participó de una misión de corta duración en Ecuador, pero esta vez la experiencia fue diferente. Matheus había viajado para participar en proyectos misioneros, pero terminó traduciendo en diferentes momentos debido a las necesidades de comunicación.
“Hay otros lugares donde vamos a ser útiles sin siquiera pensarlo. Simplemente vamos a estar allí, existiendo, trabajando, y surgirá una oportunidad para servir a esas personas y que ellas también puedan ser alcanzadas”, afirma.
Más que palabras
Para Matheus, uno de los desafíos actuales está relacionado con la valorización del trabajo de los traductores. Considera que herramientas como la inteligencia artificial y Google Traductor han llevado a algunas personas a pensar que el trabajo humano puede ser sustituido fácilmente.
“Pero creo que, principalmente en la misión, eso es imposible. Es necesario tener un toque especial, transmitir ese cariño y amor a las personas”, explica.
Desde su experiencia, una herramienta puede facilitar la traducción de palabras, pero no sustituye el contacto que ocurre entre las personas.
“A diferencia de los recursos tecnológicos, las personas tienen sentimientos. Pueden llorar, sonreír, estar tristes, indignarse y empatizar con quien tienen delante”, señala Matheus.
Para él, aprender un idioma también significa acercarse a las personas y comprender la cultura que forma parte de su historia. Esa disposición a conocer quién es el otro y cómo su cultura lo ha formado también es una expresión de amor. “Creo que el trabajo del traductor en la misión es, literalmente, traducir el amor de Cristo en palabras y acciones”, finaliza.
Mira en este video más detalles sobre la misión en el Amazonas en la que Matheus participó como traductor, en portugués:
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