Caminaba por el centro de mi ciudad natal, Porto Alegre, en Río Grande do Sul, Brasil, cuando vi a un señor de unos 60 años tocando un cavaquinho en la calle. A sus pies estaba el estuche del instrumento, para que el público depositara dinero. Inmediatamente, saqué mi celular, grabé al hombre y envié el video a mi familia en Estados Unidos. Les dije que había encontrado una opción para ganarme la vida si perdía mi empleo como profesor universitario. Bueno, era una broma. Toco el ukelele, pero no soy lo suficientemente bueno como para tocar en la calle. Y, aunque lo fuera, solo sé tocar algunos himnos y canciones góspel.
El ukelele es un descendiente del cavaquinho, ya que este último fue llevado a las islas de Hawái por inmigrantes portugueses; tal vez incluso por uno de mis antepasados, pues los portugueses emigraron a casi todos los países del mundo. Para que lo sepa: la afinación del ukelele barítono es la misma que la del cavaquinho, que, a su vez, corresponde a la afinación de las cuatro primeras cuerdas de la guitarra. Primero aprendí a tocar la guitarra; después oí hablar del ukelele y me enamoré de él. Entonces alguien me regaló una taza con la frase: "¿Cómo sería la vida sin un poco de ukelele?" ¡Mmm!
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Uso el ukelele principalmente en los cultos familiares y con mis nietos. También lo utilizo en charlas sobre salud. Si por casualidad ha oído hablar de un médico que toca el ukelele y habla de los frijoles, ese médico soy yo. Pero ese es un tema para otra ocasión. El ukelele ya ha viajado conmigo a Brasil, Bolivia, Canadá y Trinidad y Tobago.
También compuse algunas canciones sobre salud para tocar durante las charlas. La principal fue el canto de la salud. Un día, una médica de Colombia me preguntó si podía usarlo en su programa de salud en la radio de su país. Acepté y, unos meses después, me envió una copia de la grabación en la que su hijo, un cantante profesional, interpretaba la canción acompañado por una orquesta completa.
Música para la salud
Sin embargo, he usado el ukelele principalmente para divertirme o para lidiar con el estrés. Y ese es el propósito de este artículo. Si usted sufre de estrés, depresión o ansiedad, o siente deseos de consumir alimentos muy calóricos o adoptar conductas de riesgo en esas situaciones, necesita encontrar otra manera de afrontarlas. Entonces, ¡compre un ukelele! No es caro, es fácil de transportar, de aprender a tocar y de tocar, y ayuda a relajarse. Después, por favor, cuénteme cómo cambió su vida con la llegada del ukelele.
"Así, cuando el espíritu malo de parte de Dios venía sobre Saúl, David tomaba el arpa y la tocaba. Saúl se aliviaba y se sentía mejor, y el espíritu malo se apartaba de él" (1 Samuel 16:23).