Valorar a las personas: la base para relaciones saludables y duraderas
Por Adm1n
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Más que palabras o regalos, demostrar amor con presencia, cuidado y una valoración genuina ayuda a construir relaciones saludables.
“Hace poco tuve una cirugía y, en medio de las complicaciones y preocupaciones, me sentí profundamente reconfortada. No solo porque recibí mensajes de apoyo y oraciones a través de las redes sociales, o porque me enviaron flores, sino por el tiempo que mis amigos me dedicaron durante todo el proceso, sin importar la hora ni el cansancio. Amigos y familiares viajaron desde otras ciudades e incluso desde otro país para cuidarme, darme fortaleza y orar conmigo”, cuenta Claudia Gonzalez (nombre ficticio). Todo eso, que no necesariamente es material, la hizo sentirse verdaderamente amada y valorada.
Tal vez tú también has recibido flores alguna vez, un regalo especial, o te han llevado comida. Quizás te esperaron mientras rendías un examen por el que sentías nervios, o te acompañaron a buscar los resultados de una prueba médica que te generaba ansiedad, o simplemente se sentaron a tu lado para escucharte o abrazarte cuando estabas triste. ¿Recuerdas cómo te hizo sentir eso?
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El tiempo compartido, la empatía, la escucha atenta y el apoyo sincero revelan cuánto importa una persona para quienes la rodean. Estas acciones fortalecen los vínculos familiares, de amistad y de pareja, y contribuyen al bienestar emocional y espiritual. Sin embargo, valorar a los demás no solo es algo que se recibe, sino también algo que debe ofrecerse de manera consciente. ¿Cómo demuestras a tus seres queridos que los valoras? ¿Es algo que haces de forma habitual o solo en ocasiones especiales? ¿Por qué es importante que seas consciente de tus demostraciones de amor? Para que las relaciones sean sanas y duraderas, es fundamental valorar a las personas y expresarlo de manera constante y consciente, más allá de las palabras. Por eso, la Agencia Adventista Sudamericana de Noticias (ASN) conversó con la magíster en Psicología Lorena Gutiérrez Jeldres, directora de Apoyo Integral al Estudiante de la Universidad Adventista de Chile (UNACH), quien comparte orientaciones sobre la importancia de valorar a los demás y cómo expresar el amor de manera práctica para construir relaciones saludables. ¿Por qué es importante expresar de forma consciente que valoras a un ser querido? Porque el amor no es solo un sentimiento, sino una acción constante. Muchas veces damos por hecho que los demás “saben” que los queremos, pero sin gestos concretos ese afecto puede diluirse. Es como regar una planta: si no la nutres, se seca. Expresar valoración fortalece la seguridad emocional de la otra persona y crea un círculo virtuoso donde ambas partes se sienten vistas e importantes. Espiritualmente, refleja también el principio de tratar a los demás como deseamos ser tratados, honrando la dignidad y la conexión humana. ¿De qué maneras prácticas se puede hacer sentir valorada a una persona? ¿Es necesario realizar grandes gestos o inversiones materiales? Para nada. Los detalles cotidianos suelen ser los más poderosos: un mensaje preguntando “¿cómo estás?” en un día difícil, acompañar a alguien a una cita importante, o simplemente guardar el teléfono mientras conversan. Son gestos que dicen “estoy aquí contigo”. El tiempo y la presencia suelen valer más que cualquier regalo material. Incluso una oración breve o un pensamiento positivo compartido pueden ser formas sutiles, pero profundas de expresar cuidado desde lo espiritual. ¿Cómo influye conocer los lenguajes del amor de una persona para demostrar que la valoramos? Conocer los lenguajes del amor es como saber el código secreto para llegar al corazón del otro. Algunas personas se sienten amadas con palabras de afirmación, otras con actos de servicio, con tiempo de calidad, con regalos simbólicos o con contacto físico. Si a tu pareja le importa el tiempo de calidad, por ejemplo, planear una cena tranquila será más significativo que un ramo de flores enviado con prisa. Este conocimiento nos permite amar de manera más intencional y respetuosa, algo que también se alinea con el principio espiritual de servir al otro según sus necesidades reales. ¿Las demostraciones de amor deben ser diferentes según el tipo de relación? ¿Cómo expresar valoración de manera adecuada a tu pareja, familia y amistades? Sí, el contexto y la cercanía marcan la diferencia. Con la pareja, la intimidad emocional y física suele ser más profunda; con la familia, el apoyo incondicional y la presencia en momentos clave; con los amigos, la complicidad y el compartir experiencias. Lo importante es adaptar el gesto al vínculo, siempre desde la autenticidad. Desde una mirada espiritual, cada tipo de relación es un espacio único para practicar el amor en sus distintas formas, siempre con respeto y discernimiento. Cuando una persona siente que no es valorada en sus relaciones cercanas, ¿es recomendable que dé el primer paso para cambiar la situación? ¿Hasta qué punto es saludable hacerlo? Sí, puede ser saludable iniciar un cambio, siempre que no signifique anularse a uno mismo. A veces, el otro no es consciente de cómo nos sentimos. Podemos empezar expresando nuestras necesidades con calma, como decir: “Me gustaría que pasáramos más tiempo juntos”. Pero si a pesar de nuestros esfuerzos no hay reciprocidad, puede ser señal de reevaluar la relación. Espiritualmente, esto implica buscar el equilibrio entre la humildad para iniciar el diálogo y la sabiduría para reconocer cuándo una dinámica no es sana. ¿Qué actitudes personales favorecen para que una persona sea valorada dentro de sus relaciones? La autenticidad, la empatía y la gratitud son clave. Ser genuino atrae confianza; la empatía permite conectar con las emociones ajenas, y la gratitud refuerza los lazos. También es importante saber poner límites sanos, porque el respeto hacia uno mismo enseña a los demás cómo tratarnos. Desde lo espiritual, cultivar una actitud de servicio y compasión, sin esperar nada a cambio, suele generar reciprocidad natural y profundiza los vínculos. ¿Cuáles son las características principales de una relación saludable, ya sea familiar, de amistad o de pareja? Una relación saludable se sustenta en tres pilares básicos: respeto, comunicación auténtica y reciprocidad. El respeto implica aceptar al otro tal como es, sin intentar cambiarlo. La comunicación va más allá de hablar; es escuchar con empatía, como cuando un amigo nos cuenta un problema y solo necesita ser comprendido, no solucionado. Y la reciprocidad es ese “dar y recibir” natural, como cuidar a alguien cuando está enfermo y sentir que harían lo mismo por ti. Desde una perspectiva espiritual, también se nutre de la paciencia y la gracia, reconociendo que cada persona es valiosa en sí misma. Sin estos elementos, las relaciones se vuelven frágiles y desiguales. ¿Cómo construir relaciones saludables y fortalecer las que ya existen? Invirtiendo tiempo y atención de manera constante. No se trata de grandiosidad, sino de constancia: una llamada, un café, recordar fechas importantes, celebrar logros. También es crucial resolver los conflictos con respeto, sin acumular resentimientos. Las relaciones, como un jardín, requieren cuidado diario. Incorporar momentos de reflexión o gratitud compartida puede añadir una dimensión espiritual que fortalece la conexión más allá de lo cotidiano. Valorar a las personas no requiere grandes gestos ni palabras elaboradas, sino una presencia genuina y constante. En un mundo marcado por la prisa y la desconexión, elegir escuchar, acompañar y cuidar se convierte en una poderosa expresión de amor. Cultivar relaciones saludables es, al final, una forma concreta de vivir la fe y reflejar el valor que cada persona tiene ante Dios.También puedes recibir este y otros contenidos directamente en tu dispositivo. Inscríbete en nuestro canal en Telegram o WhatsApp. ¿Quieres conocer más sobre la Biblia o estudiarla con alguien? Haz clic aquí y comienza ahora mismo.