Esta es una realidad que aprendí a lo largo de mi propio experimento como persona con discapacidad visual. Mis ojos siguen más el flujo de mis pensamientos que el mundo a mi alrededor. Ya escuché comentarios bien intencionados, pero dolorosos, como: “Tú ni siquiera pareces ciega, ¡eres tan bonita!” o “Tus ojos son perfectos, pareces normal!
Estas frases revelan algo más grande que la curiosidad: muestran barreras actitudinales que surgen en las palabras, en los gestos y hasta en el silencio de la omisión. Barreras que hacen que la persona con discapacidad tenga que justificar su existencia para adaptarse al consuelo visual de los demás.
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La discapacidad visual no tiene un único rostro. Existen personas que solo ven manchas borrosas, otras que tienen visión tubular, algunas con pérdida visual central, otras cuya agudeza visual cambia como la iluminación del entorno — y también hay ceguera total. Quienes usan anteojos y tienen corrección completa de la visión no entran en la discapacidad visual. Comprender esta diversidad es fundamental para cualquier iglesia que quiere acoger verdaderamente.
Por eso el
Ministerio Adventista de las Posibilidades (MAP) es más que un departamento: es un movimiento de acogida, discipulado y convivencia, adonde se reconoce el potencial, la fe y las posibilidades — no las limitaciones.
Y todo comienza con pasos simples:
- Escuchar a las personas. Cada iglesia necesita conocer a las personas ciegas y con baja visión que ya forman parte de la comunidad — y a las que viven en los alrededores. No es una investigación sobre cantidad, sino sobre historias reales.
- Capacitar a los voluntarios. Personas acogedoras, dispuestas a aprender técnicas básicas para desempeñarse como guías, audiodescriptores y lectores. No requiere habilidades extraordinarias, solo sensibilidad: ofrecer el brazo, describir el entorno, garantizar autonomía, consuelo y seguridad.
- Compromiso institucional. El Ministerio de Ciegos y Baja Visión debe ser parte del Ministerio Adventista de las Posibilidades, aprobado por la junta de la iglesia y con un liderazgo que trabaje con un equipo para: ayudar en el transporte, en la lectura, en la organización de las actividades y en la construcción de experiencias accesibles. Estas acciones no son favores, son la práctica de un cristianismo real.
En el centro de este ministerio se encuentra el Pequeño Grupo Visión Real (PGVR), un espacio de estudio bíblico, alabanza, amistad y sentido de pertenencia. Un entorno adonde todos participan, todos son oídos y adonde la iglesia aprende a ver además de lo evidente, volviéndose más parecida a Cristo.
Este ministerio también ofrece literatura de la iglesia y estudios bíblicos en formato digital, audio y braille. Estos recursos fortalecen la comunión de los miembros.
Aquí están algunas preguntas para tu reflexión:
- Cuando encuentras a una persona con discapacidad visual, ¿hablas con ella o con quien la está acompañando?
- ¿Tomas del brazo a la persona para guiarla antes de preguntar si es lo que necesita?
- ¿Presumes incapacidad antes de conocer a la persona?
Acoger es revisar hábitos, conversaciones y actitudes. Es reemplazar la presunción por escuchar. Es caminar junto a las personas — no por ellas, ni delante de ellas.
Si tu iglesia aún no tiene el Ministerio Adventista de las Posibilidades, quizás el cambio comience en ti. Una conversación, un grupo pequeño, algunos voluntarios… y el impacto puede ser más grande de lo que tú imaginas.
Jesús tiene prisa por volver y no quiere dejar a nadie. Que juntos corramos a construir una iglesia que verdaderamente ve.
Juliana Santos es especialista en Educación Especial, con énfasis en Discapacidad Visual, Sordera y Sordoceguera. Es licenciada en Música, Pedagogía y Periodismo. Actualmente se desempeña como consejera del Ministerio Adventista de Ciegos y Baja Visión, una de las áreas de acción del MAP.