Los jóvenes necesitan de los jóvenes

Los jóvenes necesitan de los jóvenes
Imagen Referencial

Iniciativas de jóvenes muestran cómo grupos pequeños y redes sociales fortalecen la fe y generan sentido de pertenencia en la comunidad.

Hacer algo solo puede ser muy bueno, pero cuando hay alguien al lado, todo es mejor. Eso también se refleja en la vida espiritual, el camino se hace más leve cuando se encuentran personas que enfrentan luchas similares y entre todos pueden apoyarse. Eso no es un nuevo concepto. En la Biblia, el ministerio de Jesús estuvo caracterizado por relaciones cercanas. Él formó discípulos, envió personas de dos en dos y mostró, en la práctica, que el caminar de fe nunca fue pensado para realizarse en solitario.

Lea también:

Las experiencias muestran que, cuando los jóvenes participan juntos, ocurre una transformación. Las iniciativas como los grupos pequeños y el uso intencional de las redes sociales han marcado la diferencia, sirviendo como puentes para acoger y conectar, fortaleciendo la espiritualidad de los miembros.

Decidir permanecer

Raíssa Garcia es miembro de la Iglesia Adventista del Séptimo Día hace cuatro años, dedicando dos de ellos al discipulado. Sin embargo, al participar en otras actividades en la congregación del Cinturão Verde 1, en Boa Vista, Roraima, Brasil, ella se dio cuenta que había poca participación de jóvenes. En esa época, el culto joven de la iglesia, programa semanal orientado a los jóvenes, con actividades espirituales, sociales y de integración, llamado Kerygma, contaba con cerca de 10 participantes. “Eso me desanimó un poco. Pensé en buscar una sociedad con más jóvenes y actividades”, recuerda Raíssa. A pesar de eso, decidió permanecer. A partir de un periodo de reflexión, entendió que podía contribuir para transformar esa realidad y asumió el Ministerio Joven de la iglesia local. Con el tiempo, el grupo comenzó a desarrollar una rutina más activa. Se organizaron actividades a lo largo de la semana, como encuentros musicales, deportes, grupos pequeños, acciones sociales y momentos de convivencia, con el objetivo de fortalecer el vínculo entre los jóvenes.
Raíssa Garcia trabaja en el fortalecimiento del trabajo joven en su región, incentivando la participación y el compromiso de nuevos miembros. (Foto: Archivo personal)

Alcance digital

El uso de las redes sociales también comenzó a ser parte de la estrategia. Por medio de las plataformas, el grupo divulga las actividades y facilita el acceso de nuevos interesados. Como resultado, varios jóvenes comenzaron a conocer la Clase Joven y visitar la iglesia. Actualmente, algunos participan de estudios bíblicos, mientras que otros, después de ese proceso, decidieron ser bautizados. Según Raíssa, además de atraer nuevos participantes, es fundamental garantizar el acogimiento. “No alcanza con hacer publicidad. La iglesia necesita estar preparada para recibir e integrar a esas personas y que puedan sentirse bien recibidos”, afirma. El seguimiento requiere de un contacto directo con los jóvenes, como mensajes, llamadas y visitas, fortaleciendo el sentido de pertenencia a la comunidad. Actualmente, la iniciativa sigue en crecimiento y mantiene una rutina activa de encuentros y actividades. La experiencia también marcó la trayectoria de Raíssa que, al momento de la publicación de este artículo, se desempeña en su primer año como distrital (responsable por organizar, capacitar e integrar a los jóvenes de varias iglesias locales dentro de una región específica). “Si creemos en el evangelio, debemos actuar. Dios conecta personas a lo largo del camino, pero es necesario comenzar con oración, actitud y constancia. Las acciones hacen la diferencia y, en el tiempo correcto, Dios honra sus promesas”, finaliza Raíssa.

Comenzar de a poco

En la ciudad de El Alto, en La Paz, Bolivia, la realidad de los jóvenes en una iglesia local también pasó por cambios en los últimos años. Grecia Llusco, líder joven desde 2021, es miembro del templo adventista Emanuel, que hoy cuenta con cerca de 25 jóvenes activos. Sin embargo, no siempre fue así. Hubo un periodo en el que prácticamente no había jóvenes en la iglesia. “Éramos solo yo y mi amiga Fabiola. Nosotras dos liderábamos, y los programas se realizaban con la ayuda de algunos adultos”, recuerda.
Grecia (a la izquierda) participa en acciones dirigidas a la juventud, incentivando el involucramiento y la integración de nuevos participantes. (Foto: Grecia Llusco)
Ante ese escenario, el cambio comenzó con una simple decisión. Después de conocer, por medio de las redes sociales, la propuesta de grupos pequeños (encuentros orientados al fortalecimiento espiritual y a la convivencia), decidieron intentarlo. Incluso sin mucha experiencia, organizaron un grupo que se reunía los sábados de tarde, antes del culto joven. En la primera reunión, solo participaron las dos y una señora de la iglesia. Pero, a partir del segundo encuentro, comenzaron a publicar la iniciativa en las redes sociales y en WhatsApp. La propuesta incluía momentos de integración, dinámicas y convivencia. De a poco, nuevos jóvenes comenzaron a llegar. “No sabíamos de donde venían. Simplemente habían visto nuestras publicaciones”, cuenta. Así nació el grupo pequeño Otoniel. Con el tiempo, el grupo creció y la iglesia comenzó a contar con más jóvenes involucrados en las actividades.
Primeros encuentros del Pequeño Grupo de la Iglesia Emanuel. (Foto: Grecia Llusco)

Nuevos comienzos

Sin embargo, el proceso también trajo aprendizajes. Con el aumento en el número de participantes, el grupo pequeño fue dejado de lado porque parecía que ya no era necesario. Con el tiempo, los jóvenes comenzaron a alejarse. Grecia se dio cuenta de que la espiritualidad de los jóvenes estaba debilitándose y la de ella también. Ante esa situación, en el comienzo de 2025, decidió renovar su compromiso con Dios y con el trabajo en la iglesia. Poco tiempo después, fue invitada para desempeñarse como coordinadora regional de jóvenes, función en que acompañaba actividades en diferentes iglesias. Incluso enfrentando un problema de salud, que le afectaron los movimientos del rostro por un periodo, ella decidió continuar. En 2026, durante las acciones del proyecto Misión Caleb en una plaza, algo llamó su atención: la mayoría de las personas interesadas en conocer la iglesia eran jóvenes, de entre 15 y 25 años. Ese momento fue decisivo para el regreso del grupo pequeño. Los encuentros comenzaron a ocurrir semanalmente, los viernes, reuniendo a los jóvenes en momentos de convivencia y espiritualidad. La iniciativa creció e inició nuevas acciones, como un centro de evangelismo en la casa de Grecia.
Los pequeños grupos son una oportunidad para crear vínculos, apoyarse mutuamente y fortalecer la vida espiritual. (Foto: Grecia Llusco)
Actualmente, continúan llegando nuevos participantes. “La espiritualidad de los jóvenes creció y hoy tenemos candidatos al bautismo como resultado de las reuniones del grupo pequeño”, destaca. Incluso con desafíos, esas dos historias muestran que, ya sea en Roraima o en La Paz, la conexión entre los jóvenes continúa siendo uno de los caminos más eficaces para fortalecer la fe. Los jóvenes necesitan de los jóvenes.
También puedes recibir este y otros contenidos directamente en tu dispositivo. Inscríbete en nuestro canal en Telegram o WhatsApp. ¿Quieres conocer más sobre la Biblia o estudiarla con alguien? Haz clic aquí y comienza ahora mismo
Comentarios