Los adventistas y la relación con los gobiernos y las autoridades
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Descubre por qué la Iglesia practica y defiende la separación entre las funciones eclesiásticas y las de liderazgo civil, y qué dice la Biblia al respecto.
Por Heron Santana | Países Hispanos
11 junio, 2025
A principios del año 2023, la Agencia Adventista de Desarrollo y Recursos Asistenciales (ADRA)logró beneficiar a familias del interior de Bahía, en Brasil, que fueron víctimas de inundaciones provocadas por el colapso de represas y deslizamientos de tierra como consecuencia de fuertes lluvias que dejaron a miles de personas sin hogar.
Con dificultad, los integrantes de la agencia humanitaria adventista llegaron a ciudades como Jequié, Ipiaú y Barra do Rocha para llevar víveres y alimentos a las familias. Esta acción fue posible gracias al trabajo en cooperación con el gobierno del Estado de Bahía y el apoyo de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), un organismo del gobierno estadounidense encargado de brindar ayuda en situaciones de vulnerabilidad.[1]
Referencias [1] Ação da ADRA foi resposta à insegurança alimentar de 300 famílias afetadas pelas chuvas na Bahia. Disponible en: <https://noticias.adventistas.org/pt/noticia/adra/adra-inseguranca-alimentar-bahia/> [2] Página Ellen White Estate: Compartilhando a Visão. Disponible en <https://ellenwhite.org/topics/500> [3] Should Adventists be politically active? Columna del Pastor Ted Wilson. Disponible en: <https://www.pastortedwilson.org/should-adventists-be-politically-active/> [4] Documento “Church-State Relations”. Disponible en: <https://www.adventist.org/documents/church-state-relations/> [5] Ídem.
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Postura de la IASD frente a las autoridades
“Pedro y los demás apóstoles respondieron: ‘Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres’ (Hechos 5:29). La IASD obedece a las autoridades terrenales y sus leyes, siempre que no entren en conflicto con las enseñanzas de las Sagradas Escrituras”. La Iglesia Adventista del Séptimo Día es una denominación religiosa global con más de 21 millones de miembros en todo el mundo. Como organización religiosa, mantiene el principio de separación entre Iglesia y Estado, e incentiva a sus miembros a ser ciudadanos responsables y respetuosos de las leyes en sus respectivos países, sin involucrarse institucionalmente con la política partidista ni con gobiernos.Lo que dice la Biblia
Este principio sigue las orientaciones bíblicas. En las Sagradas Escrituras, la Iglesia entiende que Cristo animó a sus seguidores a respetar los gobiernos seculares, al decir: “Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios” (Mateo 22:21). En 1 Timoteo 2:1-2, se nos exhorta a orar “por los reyes y por todos los que ocupan altos cargos, para que podamos vivir una vida tranquila y sosegada”. El ejemplo de Cristo también es citado por la escritora estadounidense Elena de White, una de las fundadoras de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Ella escribió: “El pueblo de Dios reconocerá el gobierno humano como una ordenanza divinamente designada, y por precepto y ejemplo enseñará la obediencia a ella como un deber sagrado, siempre y cuando su autoridad se ejerza dentro de su esfera legítima. Pero cuando sus demandas entren en conflicto con las de Dios, debemos elegir obedecer a Dios antes que a los hombres. Debe reconocerse y obedecerse la Palabra de Dios como una autoridad que está por encima de toda legislación humana. El ‘Así dice el Señor’ no debe desecharse por un ‘Así dicen la Iglesia o el Estado’. La corona de Cristo debe elevarse por encima de todas las diademas de los potentados terrenales” (Eventos de los últimos días, p. 121). Elena de White expresó su visión al comentar el deseo de los judíos de establecer un gobierno temporal de Jesús, sentimiento que aún hoy puede inspirar a cristianos a desear un gobierno nacionalista religioso. Ella advirtió: “Pero hoy hay en el mundo religioso multitudes que creen estar trabajando para el establecimiento del reino de Cristo como dominio temporal y terrenal. Desean hacer de nuestro Señor el Rey de los reinos de este mundo, el gobernante de sus tribunales y campamentos, de sus asambleas legislativas, sus palacios y plazas. Esperan que reine por medio de promulgaciones legales, impuestas por autoridad humana. Como Cristo no está aquí en persona, ellos mismos quieren obrar en su lugar ejecutando las leyes de su reino. El establecimiento de un reino tal es lo que los judíos deseaban en los días de Cristo. Habrían recibido a Jesús si él hubiese estado dispuesto a establecer un dominio temporal, a imponer lo que consideraban como leyes de Dios, y hacerlos los expositores de su voluntad y los agentes de su autoridad. Pero él dijo: ‘Mi reino no es de este mundo’. No quiso aceptar el trono terrenal” (El Deseado de todas las gentes, p. 470). Según un texto del sitio del Ellen G. White Estate, entidad responsable por el legado literario de la autora, la legítima preocupación del gobierno civil está relacionada con los asuntos temporales; la Biblia afirma que en esta esfera es ordenado por Dios. Por otro lado, la Iglesia ha recibido autoridad espiritual, y Cristo dejó claro que esta autoridad es distinta del poder temporal (Mateo 18:17-18; Juan 18:36). “El interés de la Iglesia, como cuestión prioritaria, es el alma y la conciencia del individuo. La historia muestra que, muchas veces, el Estado usó a la Iglesia para alcanzar sus fines, y que, inversamente, la Iglesia dominó al Estado. En ambos casos, el resultado fue la persecución. Por eso, los adventistas del séptimo día creen que los propósitos claramente distintos del reino de César y del reino de Cristo se alcanzan mejor cuando ninguno es subyugado al otro ni invade el ámbito que pertenece al otro”.[2] Afirma el texto.La Iglesia como agente positivo en la sociedad
Al no involucrarse directamente en asuntos político-partidistas o en la agenda de la administración pública, la Iglesia busca ser un agente positivo en la sociedad y promover, a partir de las enseñanzas bíblicas, la justicia social y el cuidado de todas las personas. Esto puede incluir la cooperación con gobiernos en temas de interés público, como la ayuda humanitaria, la atención en desastres naturales, la salud, la educación y otras iniciativas que beneficien a la comunidad. Basada en este principio, la Iglesia Adventista del Séptimo Día defiende la libertad religiosa, es decir, el derecho de las personas a escoger y practicar libremente su religión. Por ello, promueve la cooperación entre religión y sociedad, pero sin imponer ninguna creencia sobre otras personas. Al comentar sobre este tema, el pastor Ted Wilson, presidente mundial de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, declaró que los adventistas “creen en construir la sociedad por medio del poder de Dios y se esfuerzan por ayudar a los gobiernos a lograrlo, sin conexión directa con esos gobiernos ni con partidos políticos”.[3] El pensamiento del líder mundial de la Iglesia coincide con un documento importante titulado Relaciones Iglesia-Estado, que establece las directrices sobre la relación de los adventistas con los gobiernos. Algunos extractos del documento ayudan a esclarecer esta posición: “Como cristianos, los adventistas del séptimo día reconocen el papel legítimo del gobierno organizado en la sociedad. Apoyamos el derecho del Estado a legislar sobre asuntos seculares y apoyamos el cumplimiento de tales leyes. Sin embargo, cuando nos enfrentamos a una situación en la que la ley de la Tierra entra en conflicto con los mandatos bíblicos, seguimos el principio bíblico de obedecer a Dios antes que a los hombres (…) La Iglesia Adventista del Séptimo Día es consciente de la larga historia de la participación del pueblo de Dios en asuntos civiles. José ejerció poder civil en Egipto. Del mismo modo, Daniel alcanzó lo más alto del poder civil en Babilonia, y la nación se benefició de ello. (…) En la historia de la propia Iglesia, los adventistas se han unido a otras organizaciones religiosas y seculares para ejercer influencia ante las autoridades civiles con el fin de acabar con la esclavitud y promover la causa de la libertad religiosa (…)”.[4] El documento continúa afirmando que, aunque los adventistas no deben patrocinar partidos políticos ni usar el púlpito o publicaciones oficiales para promover teorías políticas, se reconoce el derecho de los miembros de la Iglesia a participar en la administración pública o en la actividad política. El texto dice: “Los adventistas pueden aspirar legítimamente a ocupar cargos de liderazgo civil. Sin embargo, siempre debemos estar atentos a los peligros que conlleva la influencia religiosa en asuntos civiles, y evitar con esmero tales peligros. Cuando los adventistas se convierten en líderes o ejercen influencia en su sociedad, esto debe hacerse de manera coherente con la regla de oro. Por lo tanto, debemos trabajar por establecer una libertad religiosa robusta para todos y no debemos usar nuestra influencia ante líderes políticos o civiles para promover nuestra fe ni para impedir la fe de los demás”.[5] Es una posición coherente con una Iglesia cuya misión es señalar al Salvador, su amor y su justicia, para inspirar diariamente a las personas y hacerlas ciudadanos honorables de cualquier país, con una ciudadanía definitiva en el reino celestial.Referencias [1] Ação da ADRA foi resposta à insegurança alimentar de 300 famílias afetadas pelas chuvas na Bahia. Disponible en: <https://noticias.adventistas.org/pt/noticia/adra/adra-inseguranca-alimentar-bahia/> [2] Página Ellen White Estate: Compartilhando a Visão. Disponible en <https://ellenwhite.org/topics/500> [3] Should Adventists be politically active? Columna del Pastor Ted Wilson. Disponible en: <https://www.pastortedwilson.org/should-adventists-be-politically-active/> [4] Documento “Church-State Relations”. Disponible en: <https://www.adventist.org/documents/church-state-relations/> [5] Ídem.